Cultura y Libertad

Culture

Hoy damos la bienvenida a Sebastien, otro padre, con ganas de expresarse en TFMP. Sebastien es un apasionado de lectura, en particular de historia y le encanta el rugby. Frances de nacimiento, es español de Corazon. Casado, con dos hij@s vive en Madrid.

Decía Sacha Guitry, a los Nazis que ocuparon Francia, que podían robar lo que quisieran, pero que no podrían con lo más grande y lo más importante de todo: su cultura, su forma de pensar.

Y es que es así: lo que tenemos dentro, nuestra cultura, nuestros pensamientos, lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida, es lo que nos hace más libres y más humanos.

Podemos aprender de muchas maneras, pero nada es mejor que un libro. No es que esté en contra de la televisión o de las tablets, se puede aprender mucho con estas herramientas (al menos a veces…), pero no es igual.

Leer, aparte de ser un ocio relajante, nos permite aprender a reflexionar sobre nuestras vidas, a pensar, a soñar (¿por qué no?), a vivir otras vidas …para vivir mejor la nuestra. Leyendo, somos actores de nuestro aprendizaje, lo que lo hace más fructífero y más sano por ende.

Por todo eso, leer nos hace más libre porque desarrollamos un pensamiento, un camino propio, fruto de nuestra experiencia de lector (novelas, historia, filosofía….¡lo que sea!), que nadie, nunca, jamás, nos podrá quitar. No tiene precio, claro está.

Eso, siempre y cuando leemos para aprender y no solo para comprobar o reafirmar lo que pensamos a fortiori, que lamentablemente pasa, y mucho (un ejemplo extremo era el horrible Hitler que leía mucho…pero únicamente libros que confirmaban lo que pensaba en su mente enferma).

A modo de conclusión, ¡Si leo, soy libre!

Y si soy padre, tengo que transmitir a mis hijos, desde muy pequeños, el placer de leer. Por ejemplo, tienen que aprender a acostarse con un libro (sea el que sea): la rutina de la lectura, si se aprende desde muy joven, nunca se pierde. Y haremos de ellos mejores personas.

Ayer recibí (¡gracias Amazon!) el último tomo de una serie que adora mi hijo. Cuando entré en la habitación, y le enseñé el libro, se puso tan feliz que difícilmente pude esconder unas lagrimitas (¡nosotros los hombres podemos llorar también!).

Me dije entonces que, con mi mujer, hemos hecho las cosas bien con nuestros hijos (al menos en parte!): si se emocionan cuando reciben un libro nuevo, pues deberían de ser buenas personas.

Y me puse feliz.

Free yourself